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Last updateMar, 12 Dic 2017 1am

Ajo, cebolla, vino y tomates –indispensables- para prevenir el cáncer

Se puede comer de todo, eso sí con “moderación y diversificación”, pero en una dieta que sirva para prevenir el cáncer no pueden faltar el ajo, la cebolla, el vino, los tomates -mejor en zumo o salsa-, el té verde y la granada.

Seis anticancerígenos de una lista de diez “indispensables” que se completa con la cúrcuma “úsala con profusión”, el selenio, las fibras alimentarias, por facilitar el tránsito intestinal, y la quercetina, presente en alcaparras, cacao, pimentón y apio. Khayat cierra su lista con algo que no se come y que los médicos no se cansan de repetir: hay que hacer ejercicio físico con regularidad y, desde luego, dejar de fumar. Director del Instituto Nacional del Cáncer y toda una eminencia, dentro y fuera de Francia, en la lucha contra una enfermedad que puede afectar a uno de cada 2 hombres. A una de cada 3 mujeres, Khayat es autor de “La biblia contra el cáncer” (Ed. Temas de hoy), un libro que llega a España tras batir récords de ventas en otros países europeos. “El riesgo de desarrollar un cáncer es cada día más alto. La herencia genética interviene en apenas el cinco por ciento de los casos. A medida que nuestras sociedades se desarrollan aumenta el número de enfermos, porque vivimos más y, sobre todo, porque nuestros hábitos de vida no son precisamente saludables”. Khayat se decidió a escribir el libro después de más de 30 años de verle la cara, a diario y muy de cerca, a una enfermedad que ha procurado “entender mejor para combatirla mejor y vencerla más veces”. Una enfermedad, que “ya no es sinónimo de muerte”. “La mayoría de los pacientes se curan y, los que no, viven más tiempo con los nuevos tratamientos. Los que mueren rápido son cada vez menos”. En cualquier caso, no quiere pecar de optimismo y deja bien claro que la victoria sobre tan temido enemigo “será un proceso largo, muy largo. No veremos el final ni en 5 ni en 10 años”. A esa victoria contribuirá “seguro” que “hablemos alto y claro” del cáncer, especialmente los medios de comunicación, que, dice, en ningún caso deben referirse a ella con el eufemismo “una larga y penosa enfermedad”. “¿Cómo vamos a vencer a un enemigo así si ni siquiera nos atrevemos a pronunciar su nombre?”, para quien los enfermos de cáncer, incluso los que se curan, “no se libran del estigma, como esa estrella que los judíos llevaban cosida a su ropa en la Alemania nazi”. La “biblia” de Khayat no sólo habla de qué y cuánto debemos comer. También se atreve con otros consejos “saludables” para prevenir y combatir la enfermedad y que, en general, hacen referencia a hábitos de vida que están desapareciendo de la cultura mediterránea. “De nada sirve que comamos mucha verdura, frutas, legumbres, pan…, si luego nuestros hábitos de vida no son saludables, si cada vez somos más sedentarios o se fuma más. La dieta mediterránea no es sólo comida, es también un modo de vida que está desapareciendo”. En España, dice, el cambio ha sido “brutal”. En su afán por desmontar “mitos, tópicos y falsedades” sobre el cáncer, Khayat advierte de que ni el pescado es “tan buenísimo” como se ha dicho hasta ahora, ni la carne roja “tan malísima”. Tampoco consumir 400 gramos diarios de frutas y verduras son una garantía para reducir el riesgo de desarrollar un cáncer de boca, esófago, colon. “No todos necesitamos comer las mismas frutas y verduras. También hay que saber que llevan muchos pesticidas cancerígenos”. Es buena la merluza, mucho menos el atún rojo, el pez espada, el salmón, fresco o de piscifactoria, o el fletán, dados sus altos índices de contaminación por metales pesados como el plomo, el mercurio o el cadmio, y por tener sustancias cancerígenas de nivel uno, el máximo, como las dioxinas o el piroleno. Es “muy bueno” comer pollo, no tanto carne a la parrilla, “siempre y cuando se abuse de ella”, también “muy buenos” los huevos o las lentejas, “excelente” el tomate, sobre todo para los hombres, como también son saludables la granada, el plátano y las uvas, además del arroz. “El cáncer está asociado al mero hecho de vivir, sea cual sea el modo de vivir. Por eso hay personas que, a pesar de llevar una vida sana, que no fuman ni beben y comen sano, contraen un cáncer. La clave es el riesgo, aumentarlo o disminuirlo.

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